Enrique Lander Alvarado

Enrique Lander Alvarado

14 noviembre, 2018 0 Por Juan Macedo

Don Enrique Lander Alvarado fue uno de los grandes hípicos nacionales, como no los hay hoy en día, entregado y apasionado al turf. Nació el 11 de diciembre de 1903, en Caracas, Distrito Federal, hijo de Don Manuel Vicente Lander Gallegos y Doña Mercedes Alvarado. Heredó de su padre Don Manuel ese amor a los caballos (hay que recordar que fue de los fundadores del Hipódromo de El Paraíso, cuya caballeriza en los años 20 se ubicaba de Bárcenas a Río y cuyo mejor caballo posiblemente haya sido Curly Locks), quien le inculcó el amor por la raza caballar. A los 7 años de edad ya sentía amor por la hípica:




“En 1908 mi padre era el Tesorero del Jockey Club de Venezuela, en esa época las iniciales del Jockey Club se veían en las tejas de la antigua tribuna del hipódromo y cuando los socios del Jockey Club decidieron entregarle al gobierno las instalaciones por motivo de su pasivo, esa tarde cuando estaban efectuando la entrega, mientras esperaban la llegada del General Gómez, yo le di la vuelta a la pista, que entonces tenía 1100 metros, montado en un caballo purasangre, creo que desde entonces comienza mi afición de jinete”.

En el primer match que hubo en nuestro país, Curly Locks enfrentó a Pluma de Garza, propiedad del General Manuel Corao, por un pote de Bs. 100.000, una cantidad millonaria para la época (año 1910), dinero que consiguió su padre con ayuda de varios amigos. El entonces niño Enrique tenía 7 años y el popular “Chingo” Juan también era un zagaletón le dijo momentos antes de la carrera que le diera un poco de agua al caballo (Curly Locks) pues se veía que tenía sed. Por supuesto Pluma de Garza ganó por una cuadra y Don Manuel no se explicaba la derrota. La historia no termina ahí, ya que al poco tiempo hicieron otro match por Bs. 50.000 y Don Manuel fue solo, pues los amigos viendo la derrota anterior no confiaron en Curly Locks, el resultado no hace falta mencionarlo, la cuadra de ventaja fue a favor de los Lander. Pasaron muchos años para que el ya adulto Enrique le contara lo sucedido y Don Manuel solo dijo “ahora sé por qué perdió”.

Enrique-Lander-Alvarado

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El entonces joven Enrique Lander se inició en estas jornadas como peón (pese a ser hijo de un señor pudiente para la época) y llegó a ocupar casi todos los cargos en el desaparecido y recordado óvalo de El Paraíso, que sin temor a ofender a las personas que se desempeñan en esa labor, fue de todo menos portero (porque de seguro no se le brindó la oportunidad). Además de su honda preocupación por el hipismo local, es hombre dedicado a las actividades comerciales, siempre se le encuentra atareado y no es para menos.

Como jinete tuvo la matrícula de jinete aficionado que le fue otorgada a solicitud del Coronel Gonzalo Gómez, el cual estaba interesado en que le montara sus caballos, destacadas actuaciones brindó como “Gentleman Rider”, compitiendo contra los mejores jinetes profesionales allá por el año 1933, al lado de Pedro Emilio Yumar y de Rómulo Francisco Méndez, el popular “Cuminaco”. En esa época fundó la Escuela de Equitación del Caracas Country Club. Asistía a las carreras vestido de frac, ya que así lo requerían las circunstancias; hoy por hoy, la asistencia del fanático al hipódromo es corriente y visten como mejor le placen.

Cuando el hipismo nacional vivió una de las peores crisis, Don Enrique supo aportar para que el espectáculo no se viniera abajo. En los años 1936 y 1937 desempeñó la delicada función de Comisario. En 1937 hasta 1940 actuó como Juez de Salida, el que supo desempeñar con singular acierto. Enrique Lander formó parte de la Directiva en varias ocasiones, en particular cuando la presidencia del Coronel José María Márquez Iragorry, eso aconteció por el año 1940; ocupó el cargo de Secretario de la Junta y a la postre, actuó con una equidad y justicia que le valió las felicitaciones, tanto de directivos como de personas extrañas a la misma. Fue quien trajo el Starting Gate o aparato de partidas, que hasta los momentos funciona en La Rinconada, solo le agregaron otras gateras. Partió en dos la historia del hipismo nacional para dar inicio a la época de oro del movimiento turfistico nacional. De ellos arranca la etapa moderna que vivimos.

Y en realidad las carreras sólo le gustaban por los caballos, incluso no recordó haber presenciado carreras de ninguna otra clase, pero donde corría un caballo y podía asistir, seguro que asistía. Don Enrique Lander estimaba que cuando uno se compenetra con los caballos, es difícil no sentir la carrera tanto como la siente el jinete que lo monta, y precisamente por su experiencia podía decir que muchas veces la pérdida de una carrera tiene relación directa en que el caballo no esté acoplado con el jinete que lo monta “No se me olvida nunca que yo tenía una yegua que también preparaba, que no quería trabajar más de una vuelta y cada vez que el traqueador Guillermo González le iba a ensillar, la yegua trataba de morderlo, patearlo o hacerle algo hasta que por fin se montaba y se quedaba tranquila, pero yo le había dicho que en lo que pasara la primera vuelta le diera 3 ó 4 fustazos, para que no tratara de pararse en los 800 metros, estábamos en La Quebradita de manera que los 800 metros quedaban justo a la entrada de las caballerizas, viendo que no hacía lo que yo le dije, decidí cambiarle la monta y llamé a un muchacho panameño y le di las mismas instrucciones, y al día siguiente cuando era la hora de ensillarla para el trabajo, cuando vio a Guillermo en vez de tirarle coces, mordiscos y arrugar las orejas, relinchaba pidiendo que la llevara a ensillar el” mencionó en una ocasión.

Es increíble pero es la verdad, de manera que efectivamente los caballos saben lo que van a hacer y Don Enrique Lander consideró que uno de los éxitos de un preparador está en conseguir que la pista no se transforme en un centro de suplicio para el caballo. Como preparador aficionado y posteriormente como profesional fue una sensación, incluso en la temporada de 1946-1947 fue campeón entrenador con más o menos 40 victorias. También finalizó en el segundo lugar en la estadística que ganó el argentino Antonio Algarbe. Eso sí, preparaba sus caballos, algo que estaba permitido para esos tiempos. En ese rol triunfó en el Clásico Gobernador del Distrito Federal (Trocanter), Clásico Ministerio de Agricultura y Cría (Artillero) y Clásico Inauguración (Burlón), entre otros.

Don Enrique Lander fue parte importante del desarrollo de la crianza del Caballo de Carreras en Venezuela, muy dentro de las posibilidades, pero sin escatimar gastos ni esfuerzos. Uno de los pioneros de la cría nacional con el Haras La Rinconada. La aplicación de mejores técnicas y la puesta en práctica de sus observaciones en otras latitudes, dieron al traste con un purasangre nativo de mejor calidad, capaz de enfrentar y vencer al importado.

Comenzó como criador en 1938, su primera fase que fue la cría de media sangres, y su primera camada criada por Don Enrique, allá por 1939 en los predios de la hacienda de 542 hectáreas, que en el año 1920 fueron adquiridos por Don Manuel, cuya única finalidad en ese entonces era la de producir pasto para la caballeriza familiar. Su primer padrillo importante en esta fase inicial fue el peruano Travieso. Sinforosa fue el nombre del primer producto nacido y criado en el haras de Don Enrique. Luego vinieron Manaure, Bicoca, Veneno II, Cometa, Jau Jau, fueron ejemplares muy útiles y frecuentes ganadores. Eran criollos más resistentes que los importados, todos nacidos en la Hacienda La Rinconada. Cometa y Veneno II formaron una llave muy popular y ganadora, portando los más altos pesos, no tenían competidores.

La siguiente fase fue la cría de purasangres de carrera, que comenzó cuando adquirió para la cría una yegua de nombre Simpatía, en 1942, que compró a su amigo “Chingo” Juan por la cantidad de Bs. 1.100 y a cuotas. Luego a Don Rafael Ruggero le compró Caldereta y a Don Manuel Fonseca le compró Burlería. Ya contaba en la padrillera con Travieso y rescató a Burlesco, gracias a la diligencia de Don Alex Agostini, que estaba “hospedado” en el Country Club. Como criador el señor Lander ha obtenido los más sonados triunfos y es precisamente del Haras La Rinconada donde han salido los primeros grandes exponentes del “elevage nacional” y que le han reportado a sus dueños muchas utilidades, contando con Burlesco como su mayor pilar. Ejemplares muy buenos como El Brujo, Burlador, Nubarrón, Artillero, Burlón, Cedrón, Trigoverde, Amorcito, Alborada, El Quebrado, Tragaleguas, Miss Victory, Faramallero, Marismita, Salvajuela, Vencedora, Tinajuela, Princesalegre, Volador y otros que se nos escapan de la memoria. Igualmente el señor Lander contó al sensacional inglés Eros (hijo de Hyperion), Cassava, Canchero, Imparcial y Trocanter.

Don Enrique Lander fue un notable propietario, mantuvo la tradicional chaquetilla de la familia (rayas rojas y negras) del Stud La Rinconada, dignificada como ninguna por la inolvidable importada Red Peak (que ostentó el record para los 1600 metros). Casi todos los clásicos exclusivos para criollos han sido ganados por los defensores del Stud La Rinconada. Muchos de los productos mencionados del Haras La Rinconada corrían para sus colores. Además fue propietario del crack Burlesco, el ya mencionado Trocanter, Cambur (que lució los colores del Stud Surima, ganador del Clásico Simón Bolívar) y el media sangre Gold Button. El Gobierno del General Marcos Pérez Jiménez se fijó en sus tierras, entraron en negocios y vendió el Haras La Rinconada. En sus terrenos construyeron el Hipódromo La Rinconada. Luego continuó en la cría con los terrenos de Tazón, que denominó Haras Tazón de Cúa.

La actuación de Don Enrique Lander para el fomento del elevage nacional fue motivo de elogiosos comentarios y, es por ello que la directiva del Hipódromo Nacional, procedió en forma justa y consona acordando la creación de una Copa en su honor.

También formó parte del primer Directorio del Instituto Nacional de Hipódromos, creado el 3 de septiembre de 1958, Dr. Germán Stelling, Dr. Agustín Hernandez, Coronel José María Márquez Iragorry, Sr. Gustavo Márquez y nuestro homenajeado fueron los encargados de sentar las bases del Instituto Nacional de Hipódromos.

Posiblemente lo único que le quedó por hacer a Enrique Lander en relación al Hipódromo es jugar al 5y6 lo cual nunca hizo, según sus propias palabras “Reconozco que en toda mi vida hípica solamente he jugado y ganado dos veces en Hipódromos, una vez en Paris que jugé 10 francos y gané 19.000 y otra en La Rinconada donde Alberto Wickelmann me pregunto qué ejemplares me gustaban en una carrera y como yo nunca juego le dije ¿qué ejemplares corrían?, me dijo los diferentes nombres y entonces le contesté que me gustaba fulano y fulano, a lo cual insistió que porque no me gustaban los otros que él creía buenos, simplemente le repetí los mismos que seguían gustándome, cuando me dijo ¿Por qué no los juegas? Le dije, no suelo jugar y además no tenía sencillo, en eso se me ocurre sacar un billete del bolsillo que era de Bs. 100, el cual tenía un sello que decía ayuda a tu prójimo, le pedí a Neptalí Sánchez que estaba conmigo, que me hiciera el favor de comprar con ese billete 20 mutuales de los ejemplares que me gustaban y cobre Bs. 4.000”.

Una última anécdota, que refleja su sentido del humor, fue en los comienzos de Luis Plácido Pisarello como narrador de carreras en Caracas. Don Enrique había mencionado entre amigos “que él hacia ladrar a ese narrador”. Sus amigos se asombraron y se preguntaban cómo haría Don Enrique para lograr su propósito. La espera para conocer el plan fue pronto descubierta. En esos días Don Enrique inscribió una yegua con el nombre de Jau Jau. No obstante Pisarello no ladró pues éste cuando narraba no dijo jamás “Jau Jau”, sino que nombraba a la yegua por el número de la gualdrapa.

Fue un ser humano que sobresalía por su cordialidad y sencillez. Pero no obstante haber contribuido con su esfuerzo del hipismo en Venezuela, el nombre y la figura de Don Enrique Lander son poco conocidas por las nuevas generaciones de hípicos. Lo anterior tiene su razón de ser. Al contrario de otras personas a quienes les gusta proyectarse y darse a conocer de cualquier manera, Don Enrique prefería pasar inadvertido y no divulgar las realizaciones con las cuales ha contribuido al engrandecimiento de la hípica venezolana. Nuestra tarea es no dejar en el olvido lo importante que fue Don Enrique Lander Alvarado para el hipismo venezolano.

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