La ansiedad, un monstruo del que nadie habla

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Me siento sofocado, aislado del mundo en mi habitación. Mi corazón late fuerte, estoy asustado de entrar en paro. No puedo levantarme, apenas y puedo moverme; no quiero, no puedo hacerlo. Me estoy asfixiando; ¿es el fin ahora?

Quiero salir de esto, deseo poder irme a cualquier otra parte. El tiempo me tortura cuál verdugo, los segundos me roban aire, me estoy acercando a la muerte. Pero al final no llega, y estoy exhausto de ir una y otra vez en su búsqueda. Cuando la ansiedad me ataca, me siento tan cerca… pero al final nunca llega, la muerte no llega.

Es como una película de terror, el suspenso y la tensión de una escena es más grande que el acto siguiente que te asustará. Al final no pasa nada, pero sufres para llegar a eso, a nada. La ansiedad es uno de esos males del que pocos hablan, presa de prejuicios, pero tan cercana que cualquiera puede ser su víctima.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 260 millones de personas en el mundo tienen trastornos de ansiedad, muchas sin reconocerlo, se enfrentan a tener que lidiar con los síntomas, los cuales reducen su capacidad laboral y afectan sus actividades diarias.

Por esto, es importante saber reconocer sus síntomas, entre los más importantes se encuentran:

  • Respiración agitada (taquicardia)
  • Sensación de miedo o alteración
  • Dificultad para respirar
  • Sensación de ahogo
  • Opresión en el pecho.
  • Sudoración o escalofríos.
  • Temblores
  • Malestar estomacal, entre otros

¿Que causa la ansiedad?

Los factores de causa pueden ser variados, al igual que otros trastornos psicológicos, la ansiedad puede estar determinada por un factor genético, por lo que es importante conocer el historial clínico de nuestros antecesores, ya que esto permitirá identificar si somos propensos a padecerla o si la causa se relaciona más con un agente externo.

La ansiedad, es una respuesta de alerta ante la exposición a un factor de riesgo, es parte de nuestro instinto de supervivencia, por lo tanto, es importante reconocer el evento durante el cual se desarrolla la ansiedad. Por ejemplo, puede ser que en periodos de estrés, las crisis de ansiedad tiendan a ser más fuertes o constantes.

Así mismo, debemos analizar a qué tipo de estímulos estamos expuestos, y si alguno de ellos podría estar generando este estado. Un estímulo negativo puede ser el trabajo al que nos dediquemos o la relación que tengamos con alguna persona, todos estos agentes pueden ocasionar que el cerebro sienta la necesidad de huir o permanecer alertar a la situación, y por ende desencadene una crisis.

¿Cómo manejar una crisis de ansiedad?

Aunque sea difícil predecir el momento en el que iniciara una crisis de ansiedad, se puede aprender a mejorar nuestra respuesta ante ella y disminuir su intensidad. Usualmente, la persona con ansiedad no es consciente de ello hasta que los síntomas físicos han avanzado notoriamente, y a partir de entonces resulta difícil frenar la crisis. Lo recomendable seria notar las pequeñas señales que el cerebro está mandando al cuerpo, por ejemplo:

  • Sensación de incomodidad (a raíz de una situación, lugar o en la interacción con otros)
  • Hormigueo en alguna parte del cuerpo
  • Sudoración (no tiene que ser excesiva)
  • Cambio en la respiración o sensación ligera de falta de aire

Los síntomas pueden variar según la persona, por ello, cada cual debe estar alerta a algún cambio (por mínimo que sea) en sus emociones o bienestar físico.

Un error importante en el manejo de una crisis, es enfocarse obsesiva mente en la sintomatología. Es obvio que el cerebro será consiente de que algo está sucediendo, pero el alentar ese estado con pensamientos negativos no ayudará en nada, al contrario, los síntomas continuaran en aumento. Hay que esforzarse en sustituir el típico: “no puedo, no sé qué me está pasando”, por algo más benéfico como: “sé que tengo una crisis, pero no significa que vaya a colapsar”. Por esto remarco la importancia de saber si padecemos de ansiedad, para que la sintomatología no cause un ataque de pánico.

¿Es posible vivir con ansiedad?

La respuesta es sí. Por experiencia propia puedo asegurar que es posible recuperar tu calidad de vida, siempre y cuando se atienda adecuadamente. Estuve padeciendo de ansiedad desde hace dos años, muchas veces llegue a sentir que realmente iba a morir de un infarto o que mis peores pensamientos se harían realidad. Es como un monstruo que te devora, te arrebata vitalidad, te deja con miedo a hacer cualquier cosa, y que tarde o temprano la ansiedad regrese.

Gran parte de lo que me ayudo a mejorar, fue centrarme en realizar actividades que me relajaran. Me enfoque en lo que me hace sentir viva y en paz, una de esas cosas es escribir. Incluso, algo tan sencillo como escuchar música, puede ayudarte a despejar la mente; lo más importante es no dejar que fluya.

Sumado a esto, esta buscar ayuda. Un paso vital en la recuperación es el acompañamiento de un profesional, para esto, es necesario olvidarse de los prejuicios de consultar a un psicólogo; el que asistas a terapia no implica que seas débil, o que estés enfermo; al igual que la salud física, nuestra salud mental también necesita mantenimiento. Yo lo hice, y eso me permitió obtener grandes herramientas para lidiar con una crisis. En la actualidad, apenas y las sufro, pero cuando suceden ya no me asustan, ya no soy su presa.

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2 pensamientos en “La ansiedad, un monstruo del que nadie habla”

  1. Muy constructivo sigue así suerte

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  2. Excelente columna.

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