El Saint Leger Stakes, prueba final de los campeones

El Saint Leger Stakes, prueba final de los campeones

21 diciembre, 2018 0 Por Juan Macedo

La triple corona británica consta de tres carreras que prueban la capacidad de un pura sangre en tres distancias distintas. Son las 2000 Guineas (1600 metros), el Epsom Derby (2400 metros) y el St. Leger Stakes (2900 metros).




Un buen velocista puede ganar las 2000 Guineas. Si es más que velocista y tiene pasta de campeón, ganará el Derby. Pero si es una estrella (la última fue Nijinsky II) debería ganar también el St. Leger

El primer St. Leger se corrió en 1778. Es la prueba más antigua de la triple corona británica. Lo fundó el Coronel Antony St. Leger y de ahí su nombre. Él no pensó nunca que con el correr de los años se convertiría su clásico en prueba básica del hipismo europeo. Antes del St. Leger, la máxima carrera británica era la Doncaster Cup, instituida en 1768 y atracción de la sesión hípica del mes de septiembre.

Después del St. Leger se instituyó las Oaks Stakes, Derby de las yeguas, en 1779. Un año más tarde, en 1780, se instituyó el Epsom Derby. Las 2000 Guineas se corrió por primera vez en 1809 mientras las 1000 Guineas, exclusiva para potrancas, se corrió por vez primera en 1814.

A mediados del siglo XIX el St. Leger interesó a los criadores y propietarios. Desde entonces se convirtió en el máximo evento hípico del norte de Inglaterra.

El St. Leger, como en una peregrinación, iban los encumbrados y los humildes. Una gran carrera es como una religión para los ingleses. Por eso todo el mundo, por ahí por septiembre, viajaban o peregrinaban a Doncaster.

Los grandes señores viajaban a caballo o en coche. Se invertían dos o más días en el viaje. Pero era religioso hacerlo o no se era buen británico. Muchos miles de aficionados hacían el recorrido a pie, yéndose con mucha anticipación a la fecha de la carrera. Podría decirse que esto era una fiesta patronal.

Los grandes terratenientes de Doncaster declaraban días de fiesta. Sus propiedades se convertían en centros de recepción para sus iguales. Las ceremonias tenían sabor de fiesta real.

El pueblo gustaba de ver, por ejemplo, la llegada de los Fitzwilliam de Wentworth. Era una caravana de coches amarillos y guardia montada. Atrás iba la servidumbre incontable. La recepción era notable y hacía historia durante la semana de carreras de Doncaster.

Para esa época los hípicos de Yorkshire preferían ganar el St. Leger que el Derby. Se estableció una enconada rivalidad entre el norte y el sur. Los segundos, en ganar ambas carreras, y los primeros no permitiendo que el St. Leger cayera en poder de los sureños.

Cuando un sureño ganaba el St. Leger no recibía el trato que el deporte impone. Era una rivalidad mortal.

El St. Leger conserva su status antiguo. La tradición no le ha permitido cambios de ninguna especie. Aun polariza la atracción de los criadores aunque en su aspecto ha perdido mucho del antiguo esplendor. No alardean los grandes señores ni sus carrozas ni sus criados. Y como los caminos son mejores y fáciles los medios de transporte, el sacrificio de antes ha dejado de existir.

La época le ha quitado un poco de distinción como ha sucedido con el hipismo en todas partes del mundo. Pero como espectáculo capaz de producir dinero, ha ganado mucho.

Los mejores caballos de tres años de la Gran Bretaña, Irlanda y Francia, disputarán el St. Leger. Es un espectáculo popular, donde no tienen sitio especial los grandes nombres de raigambre feudal. Ya van desapareciendo las divisas que en el pasado le dieron brillantez al evento.

Muchas fincas famosas de Yorkshire han cerrado o han desaparecido y la mayoría de los terratenientes no tienen holgura económica para las ostentosas fiestas de antaño. Eso ha influido en la reducción del colorido de la fiesta. Otra cosa que le ha quitado esplendor a la sesión hípica de Doncaster es la transferencia de sus tradicionales subastas de potrillos para el mercado nacional equino de Newmarket.

Sin embargo, para septiembre de 1963 se restituyeron las ventas a Doncaster. Eso aumentó la asistencia de público a las carreras y le dio mucho del entusiasmo que venía perdiendo.

Los records más notables del St. Leger son: Bill Scott como el jinete con más triunfos (9 veces entre 1821 y 1846); John Scott como el entrenador con más triunfos (16 veces entre 1827 y 1862); el 9° Duque de Hamilton, Archibald Hamilton, como el propietario con más triunfos (7 veces entre 1786 y 1814). La mayor ventaja la sacó Never Say Die en 1954 con 12 cuerpos. La mayor sorpresa fue Theodore en 1822 pagando 200 a 1. En 1825 llegaron a participar hasta 20 contendientes, mientras que en 1917 apenas 3.

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